Thursday, February 13, 2014

Contención


Con el cliché de la flor (si no se riega, muere) no quiero empezar la historia de hoy.

Dentro de la ilusión masiva sobre el ideal, donde la televisión te muestra que en un mar de gente, podrás ver a tu otra soledad, casi brillando, la gente se aparta...casi desaparece. Sus miradas se cruzan y un beso al atardecer cierra el trato.

Pero no muestran lo que pasa cuando el director grita CORTE.

Al principio la pareja anda de la mano, es inseparable llegando al punto de ser siameses (en algunos casos)
ya con el tiempo, la mano se transforma en un meñique...o sólo caminar uno al lado del otro, hasta que la distancia, tiempo, espacio, gustos, preferencias, factores y circunstancias, comienzan a mostrar grietas en lo que parece ser un dúo dinámico.

Que no se malentienda, el amor sigue ahí, de hecho es (según mi pensar) una parte de miedo, de perder lo que uno conoce, es cómodo...mientras la otra parte se siente a la deriva, tal vez porque ya las cosas no son como lo había imaginado en ese ocaso.


Entonces cuando el tiempo ha pasado un poco más, una parte asume que todo debería ser obvio, las palabras debieran sobrar. Pero eso está más que lejos de la realidad. 

Es cierto, la gente no cambia en esencia, sólo cambia el comportamiento para no terminar con un sartén por la cabeza.

Si el comportamiento no es sostenido en el tiempo, entonces no se construyen hábitos, y sin el refuerzo positivo, entonces no sabemos qué hacemos bien y qué está mal.

¿Será posible que dentro de los cambios, un atisbo de la personalidad original reniegue lo forzado? o ¿Es que por cada cambio de actitud, viene el olvido de otro comportamiento?

De ser así, con cada día que pasa, olvido más el diccionario (pero bueno, estoy divagando)

Entonces, para terminar (creo), lo haré con la alegoría del principio.

No la Flor no se muere si no le das agua (solamente)...muere si por cuidarla del sol olvidas, espantarle los hongos.



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