Nuriel tiene razón y se explica de la siguiente manera:
Una vez ebrio con mis amigos, en la casa encontramos una armadura...se veía brillante y con los efectos del alcohol...parecía buena idea probármela y ver que se sentía.
Primero armándome las piernas, se sentían aprisionadas...pesadas.
El pecho apretado con el torso casi sin movilidad para respirar normalmente, lo más difícil fue el Yelmo, mis ideas no podrían asomarse.
No duré más de 5 minutos y grité para que me ayudaran a sacarla de mi cuerpo...no puedo lograr entender como la usaban en batallas...
Lo miro y le digo: Imagínate tener que usar una todos los días y no sacársela nunca...pesa, los hombros se caen y el ánimo se vuelve de piedra.
Alguien me dijo ayer: Eres la persona más ruda que he conocido; entonces no conocen a mucha gente, porque me encuentro cada día más débil y la armadura está abollada...
Son muchas las batallas, algunas ganadas y otras más perdidas.
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